01 diciembre 2014

Como gestionar el correo electrónico y no morir en el intento

Ayer, durante el vuelo de vuelta a Montreal, terminaba de leer el libro "Get Organized: How to Clean Up Your Messy Digital Life" de Jill Duffy. Con la de cantidad de información que tenemos en formato digital, me interesaba saber cómo proponían gestionarla alguno de los gurús del tema. El libro daba pistas sobre cómo gestionar mejor diversos aspectos de la vida digital, incluyendo fotos, música, correo electrónico, contraseñas... Pero la verdad es que me ha decepcionado bastante, más que nada porque me ha parecido muy básico. No decía nada nuevo o que no me parezca de sentido común, nada que no se pueda encontrar fácilmente buscando por Internet. Pero después de pensarlo un poco, me he dado cuenta de que varias personas se han sorprendido ya por lo organizado que soy con el ordenador, así que, después de todo, puede que el libro no me diga nada nuevo porque yo ya lo pongo en práctica, no porque no sea útil. Así que he pensado en salirme de la temática habitual del blog (si es que la hay) y compartir unos briconsejos sobre la manera en que gestiono una de las herramientas que más dolores de cabeza suelen dar:  el correo electrónico. Advertidos quedáis.

Postman Pat sí que sabría que hacer con el correo

Una cuenta para gobernarlos a todos

Antes que nada, quiero aclarar que no he inventado la rueda, ni mucho menos. Todo lo que os voy a contar aquí lo he sacado de diversas fuentes, copiando de aquí y de allá lo que me parecía interesante, probando cosas y dejando de lado lo que veía que no me funcionaba. Cada uno tiene su receta, así que lo que me ha ido bien a mí no tiene porque iros bien a vosotros. Por ejemplo: hace ya un tiempo que decidí gestionar todo el correo - personal y de trabajo - en una sola cuenta. No es que no tenga varias cuentas, de hecho tengo 5 (una personal, una para el blog, y 3 de trabajo, recuerdos de las distintas instituciones por las que he pasado), pero las redirijo todas hacia una única cuenta de Gmail, desde la que gestiono todo. Seguro que a mucha gente, partidaria de separar vida privada y laboral, esto les parece una aberración, pero hace ya tiempo que lo hago así, y estoy muy satisfecho. No voy a entrar en los detalles de cómo redirigir los correos hacia Gmail, ya que no era este el objetivo de la entrada, pero si estáis interesados en saber cómo hacerlo, podéis consultar diversas fuentes que han publicado tutoriales.

Si piensas que Google es el mal, puede que no te guste esta solución. Fuente
Otro consejo que me permito: huid de las notificaciones automáticas como de la peste. Si uno quiere ser medianamente productivo, no hay nada peor que una ventanita que surge de la nada e interrumpe lo que estás haciendo. Debes ser tú el que decidas en qué momento consultar el email, y cada uno tendrá sus momentos y su frecuencia, en función de la carga de trabajo y del número de correos que reciba, pero por regla general ningún email requiere que lo leas inmediatamente. Si el asunto es verdaderamente urgente, lo más probable es que te vayan a ver en persona o te llamen por teléfono. 

OK, tengo un email. ¿Y ahora qué?

Lo verdaderamente importante para gestionar una cuenta de correo es qué hacer con un email una vez que te llega. Para mucha gente, lo que más estrés les causa es la acumulación de correos en la bandeja de entrada. Pero esto, una vez más, es muy personal. Tengo colegas que son perfectamente felices teniendo 650 correos sin leer en la bandeja de entrada. Si eres de esos, probablemente lo que sigue no te interese en absoluto. Pero conviene recordar que la idea es ser lo más organizado posible no sólo para sentirnos mejor y tener todo más ordenado, sino sobre todo para ser lo más eficaces posible en las respuestas, para no perder tiempo y, a la vez, no hacérselo perder al que está esperando una respuesta por nuestra parte. 

La idea a evitar

Para mí, y en eso comparto la clasificación de Duffy y otros autores, cuando recibes un mensaje hay básicamente 4 cosas que se pueden hacer con él, en función del contenido y del remitente:
  1. Leerlo, sin que haga falta hacer nada más.
  2. Responderlo/resolver una acción
  3. Posponerlo para más tarde
  4. Borrarlo
La primera consigna es contestar o leer en el momento todo aquel correo que requiera menos de 3-4 minutos. Sin excepciones. Si resolverlos lleva tan poco tiempo, no tiene sentido posponerlos, es mejor quitárnoslos de encima. Una vez contestados o leídos, se archivan, para que desaparezcan de la bandeja de entrada. Y lo mismo con los que no requieran hacer nada. Si pensamos que es conveniente guardarlos, se archivan. Y si no, directamente se eliminan. Con los años he perdido bastante el miedo a borrar emails, la mayoría de los que recibimos no tienen ninguna importancia y se pueden borrar sin reparos. Para que esto sea eficaz, por supuesto, las notificaciones automáticas deben estar desactivadas, como he dicho antes, ya que si no corremos el peligro de estar constantemente leyendo emails en vez de estar trabajando en otras cosas. 

Los 'pa luego': la gestión de los emails pospuestos

Una vez interiorizado esto, la clave está en la gestión de los emails pospuestos, aquellos que requieren una acción por nuestra parte, pero que nos llevarán algo más de tiempo. Si sé que tengo que contestar el email en el día, lo dejo en la bandeja de entrada, de manera que seguirá ahí la siguiente vez que entre al correo. Si requiere más trabajo y puede que vaya a tardar más tiempo en resolverlo, utilizo una de las funcionalidades de Gmail más interesantes (y menos conocidas): las estrellas de colores. A la izquierda de cada correo, al lado del remitente, veréis una estrella, que por defecto está apagada. Haciendo click en ella, la estrella se enciende, y si se vuelve a hacer click, se apaga. Para poder marcar los mensajes de distintos colores hay que activar la función, a la que se accede en Configuración/General/Estrellas (ver aquí).

De esa manera, podemos marcar con una color diferente los correos, en función de qué tenemos que hacer con ellos. En mi caso, utilizo dos colores: morado para aquellos correos que requieren que los lea con más calma (enlaces a noticias o videos interesantes, documentos...), y naranja para los que requieren alguna acción o una respuesta más detallada (por ejemplo, un email de un amigo en el que me cuenta cómo le va y me pregunta por mi vida, un correo de trabajo que requiere que de una respuesta o envíe comentarios a un documento). Posteriormente, los archivo, para que no se acumulen en la bandeja de entrada. 

Mi verdadero objetivo oculto: un plan para procrastinar lo más posible
Eso sí, si es algo de trabajo o importante, y sé que me va a llevar un tiempo contestar, antes de archivarlo envío una respuesta en la que digo que he recibido el correo, me disculpo por no contestar enseguida y, si puedo, hago una estimación de cuándo podré tener la respuesta. Esto último me lo he impuesto después de ver cómo algunas personas consideran perfectamente normal recibir un correo en el que se les pide hacer algo, y que pasen semanas sin contestar, sin siquiera confirmar que lo han leído y si van a poder contestarlo o no. Eso te deja con la duda de si lo que has propuesto les parece bien o si ni siquiera lo han leído, y acaba obligando a enviar un segundo correo recordatorio unos días después. Es un comportamiento que odio, y para evitar caer en él, prefiero informar a la persona de que he recibido el correo y que debería poder contestarle en x días, o semanas, o cuando sea. Es una cuestión de educación.

Por supuesto, cada uno puede crear el número de categorías que quiera, pero encuentro que estas dos (leer y responder) funciona bastante bien. Cuando tengamos un momento y queramos acceder a los emails pospuestos, basta con consultar los correos que tienen una estrella morada (recordad, los que requieren que los lea con calma) o los que tienen una estrella naranja (que requieren una respuesta/acción). Para poder consultarlos en cualquier momento, tengo creados dos filtros, que actúan como una especie de lista de tareas pendientes. Para crear los filtros basta con escribir en la barra de búsqueda "has: purple-star" (para la estrella morada) o "has:orange-star" para la naranja. Si se quiere hacer aún más fácil, se pueden guardar estas búsquedas como accesos directos en la barra de la izquierda, de manera que estén siempre a mano. Yo los tengo guardados con los nombres de "@Para hacer" y "@Para leer", respectivamente. Para guardarlos, tendremos antes que activar la funcionalidad 'Enlaces rápidos' de Gmail (pulsa aquí para ver cómo hacerlo).

Los emails a leer o a responder, a un click

De esta manera, los emails pospuestos no aparecen en la bandeja de entrada, y por lo tanto, no se nos acumulan los correos. Cuando queramos acceder a las 'tareas' pendientes, basta con acceder a los filtros. Por ejemplo, cuando tengamos la respuesta para un correo de los de "@Para hacer", la escribimos, y le quitamos la estrella. Automáticamente desaparecerá de nuestra lista y quedará archivado. De igual manera, si tenemos un rato para leer emails, basta con hacer click en "@Para leer". A aquellos correos que leamos, les quitamos la estrella, y como ya estaban archivados, así seguirán. 

Los emails pendientes de leer, un día cualquiera. Algunos llevan tiempo ahí.

Y básicamente esto es todo. Supongo que a algunos os parecerá un método innecesariamente complicado, pero os aseguro que una vez te acostumbras a marcar y desmarcar los correos en el momento, el día a día no puede resultar más sencillo e intuitivo. Llevo ya varios años funcionando así y sigo muy satisfecho. La clave está en ser disciplinado, si no no sirve de nada. Al menos para el volumen de correos que recibo yo, me funciona muy bien, y evita que se me pasen cosas. 

El último producto de Google (Inbox para Gmail) parece que va en esta dirección, la de utilizar el correo como recordatorio de tareas pendientes, una función que casi todo el mundo le daba ya. Hace unas semanas que conseguí una invitación, y aunque la herramienta promete (de hecho funciona de una manera muy parecida a la que propongo aquí) se nota que todavía está en beta, así que habrá que ver hacia donde la encaminan.



08 noviembre 2014

Sci-Fest en Cuenca: el principio de Principia

Rompo mi silencio, que duraba ya demasiadas semanas, y veréis que es por una muy buena causa. Cuando empecé a escribir por estos lares, hace ya la friolera de 4 años, no sabía muy bien de qué quería hablar. Bueno, miento. En realidad sí que sabía sobre qué quería escribir: sobre bosques, sobre ecología, sobre naturaleza, sobre aquellas cosas que hacen de la ciencia la hazaña más fascinante jamás lograda por el ser humano, sobre lo que supone el día a día de mi incipiente carrera como investigador... En definitiva: creo que sabía que quería hacer divulgación. Pero no tenía la menor idea de cómo hacerla.

Así que empecé a fijarme en lo que hacían los demás. De cada uno de ellos intentaba copiar aquello que me gustaba, aunque era consciente de que esto es una cosa personal, que cada uno tiene que encontrar su manera de contar las cosas, y que imitar estilos no funciona, al menos a medio plazo. De unos me gustaba el rigor, de otros, el enfoque ameno e irreverente. De algunos, la denuncia de las pseudociencias y los peligros del marketing fraudulento, de otros, la capacidad casi ilimitada de estar a la última. De unos, me gustaba que me divertían; de otros, que me informaban. Algunos hacían las dos cosas a la vez. Y después había unos pocos que jugaban en otra liga. La Shempions de la divulgación, que diría aquel. Entre esos pocos elegidos, estaba Journal of Feelsynapsis, JoF.

Para los que no la conozcais, JoF era una plataforma de divulgación que, entre otras cosas, publicaba una excelente revista online del mismo nombre, en la que se podía encontrar de lo mejorcito de la divulgación científica de este país. Divulgación de la buena, de la de pata negra. No solo por el contenido, sino también por el diseño, por la edición. Yo la disfrutaba como lector, y reconozco que la envidiaba como bloguero. Pero digo era, en pasado, porque hace poco el proyecto de JoF pasó a mejor vida, después de 3 años y 16 números de altísima calidad. Pero no porque no funcionara, sino porque la gente que estaba detrás ya pensaba en una vuelta de tuerca más. En liarla.

Y así es como nació Principia. Principia es heredera directa de JoF, pero aspira sobre todo a contar las cosas de otra manera. ¿De cual? Pues para saberlo tendréis que estar pendientes de ellos, pero os aseguro que no os defraudará. Con todo lo que os he contado, supongo que entenderéis que no dudara ni un segundo en subirme al barco cuando me llegó la propuesta de unirme al Comité Editorial y al equipo de redactores de Principia. Y más viniendo la propuesta de Copépodo, el para mí mejor divulgador en muchos blogs a la redonda. Un placer y un honor - dije - aquí tienes mi hacha.

Otra manera de contar la ciencia
De momento, Principia se presenta en sociedad con el SciFest, unas jornadas de divulgación que tendrán lugar los próximos 14 y 15 de noviembre en Cuenca, y que incluyen charlas, mesas redondas, monólogos, actividades infantiles... y muchas más cosas, aquí os dejo el programa completo. Si, como me pasa a mi, no podéis asistir (yo tengo excusa, tengo un océano de por medio, cual es la vuestra??), podéis seguir las charlas en streaming. Os recomiendo muy mucho que las sigáis, ya que en el poco tiempo que llevo en esto he podido comprobar que el equipo de Principia no solo son buenos divulgadores, sino que además son unos apasionados por acercar la ciencia a los demás, sacarlas de los corsés y los formalismos que a veces la atenazan.

Pero esto no es todo. Porque habrá más, mucho más. Esto sólo es el principio, el principio de Principia. Os iré informando puntualmente, pero para no perderos nada de nada lo mejor es que los sigais, que nos sigais, en TwitterFacebook o Google+.

Un evento que no os podéis perder

13 agosto 2014

La intolerancia de las plantas

Aunque es un término bastante usado tanto en ecología vegetal como en ciencia forestal, alguno habrá al que le haya sorprendido. ¿Intolerantes, las plantas? ¿Intolerantes a qué? Porque a la glucosa o al gluten no será... ¿no? Pues no, efectivamente. Aunque la tolerancia o intolerancia de las plantas puede referirse a múltiples factores, cuando se dice así sin especificar nada más nos estamos refiriendo normalmente a su respuesta frente a los cambios en la disponibilidad de luz.

¿Me refiero entonces a la intolerancia a la luz? Pues en realidad, no. La luz es un recurso que todas las plantas necesitan para hacer la fotosíntesis, y aunque hay excepciones y situaciones límite como veremos después, en líneas generales podríamos decir que a las plantas les gusta la luz. En cambio, crecer en sombra puede ser un problema serio para muchas de ellas, y así, se habla de especies intolerantes o tolerantes a la sombra.

Plantula de Pinsapo
Una plantita de pinsapo. ¿Tendrá suficiente luz?

Normalmente, es fácil diferenciar las especies tolerantes de las intolerantes: las primeras suelen formar bosques cerrados, donde llega al sotobosque muy poca luz, y allí solo pueden regenerarse las plántulas de su propia especie, las que toleran la sombra. Ejemplos típicos de nuestras latitudes son son los hayedos o los abetales. Los bosques de especies intolerantes, como pinos o abedules, suelen ser más abiertos, con más huecos por los que la luz llega hasta el suelo. Aun así, las plantas jóvenes de estas especies no toleran la sombra, y suelen crecer en zonas abiertas o en grandes huecos. Pero por supuesto, entre estos dos casos extremos podemos encontrar todo un abanico de condiciones intermedias (por ejemplo, la mayoría de las quercíneas tienen unos requerimientos intermedios en cuanto a la luz).

Regeneracion en claros (gaps)
La regeneración de especies intolerantes se instala en los claros del bosque, no bajo el dosel

¿Y qué es lo que hace que una especie sea tolerante o no? Pues durante mucho tiempo se pensó que la tolerancia venía dada por una especie de compromiso que hacía que las especies intolerantes crecieran más rápido que las tolerantes en un ambiente con mucha luz, pero en cambio fueran incapaces de crecer en ambientes sombríos, de falta de luz. Sin embargo, con el tiempo se fueron acumulando evidencias que mostraban que no siempre era así: hay muchos casos en los que sí, pero también hay numerosos casos en los que la especie intolerante crece más que la tolerante para cualquier nivel de luz, y también de lo contrario. A la vista de esto, empezó a fraguarse una nueva hipótesis: las especies tolerantes no tendrían necesariamente que crecer más que las otras en sombra, pero sí sobrevivir más. La tolerancia vendría dada, por tanto, por la supervivencia de la especie a bajos niveles de luz, de manera independiente a si crece más o menos.

La luz en el sotobosque, además de crear preciosos contrastes, determina la respuesta de las plantas

Tomemos como ejemplo tres especies del Pirineo, dos pinos (Pinus uncinata y Pinus sylvestris) y un abeto (Abies alba). La observación y la experiencia nos dicen que los abetos crecen perfectamente en condiciones de sombra pero no son capaces de ocupar zonas abiertas, mientras que para los pinos es exactamente al contrario. Veamos si la hipótesis anterior es capaz de confirmar esto. Para ello, debemos medir el crecimiento y la mortalidad de estas especies a lo largo de un gradiente de luz que va desde 0 (oscuridad total) hasta 100%, que sería el nivel de luz que observamos en una zona abierta. Como podeis ver en la figura de la izquierda, el abeto (en verde) sólo es capaz de crecer más que los pinos (rojo y negro) en condiciones de muy poca luz, un 10% o menos (es un nivel típico que se puede encontrar bajo un bosque cerrado). En cambio, la mortalidad del abeto es muy baja, mucho más baja que la de los pinos, para cualquier nivel de luz que tenga. Esto corrobora una situación muy frecuente en algunos bosques, en los que el abeto se regenera bajo cubierta de otras especies y, aunque esa regeneración crezca poco, es capaz de aguantar durante años, en lo que en argot forestal se llama 'regeneración a la espera'.

Figura extraída de Ameztegui & Coll (2011), con permiso del autor (no costó demasiado convencerle)

Pero si os dais cuenta, las figuras de arriba no explican por qué el abeto no es capaz de crecer en espacios abiertos. Sí, crece menos que los pinos, pero como también muere menos, debería ser capaz de mantenerse 'a la espera' también allí, ¿no? Como os comentaba antes, no es esto lo que podemos ver en nuestros bosques, y la respuesta a esta aparente contradicción está en el periodo de tiempo que consideremos. La mortalidad de la figura de más arriba es la probabilidad de mortalidad anual, de cada año. Y como ya hemos dicho, es muy baja para el abeto. Pero como crece tan despacio, le cuesta muchos años llegar a desarrollarse y formar un árbol adulto. Si consideramos, para cada una de estas especies, la probabilidad acumulada durante el tiempo que necesita una plantita de 1 cm de diámetro para llegar a ser un adulto (teniendo en cuenta las diferentes tasas de crecimiento), vemos que el panorama cambia.

A partir de un 50% de luz, mal asunto para el abeto
Ahora se ve claramente que, cuando la luz supera el 50%, el abeto las pasa canutas, y la probabilidad de que una planta sobreviva el tiempo necesario para llegar a ser adulto está muy por debajo de la de los pinos. Esto explica por qué no vemos apenas abetos en zonas abiertas. Antes de que nadie me lo recrimine, aclaro que todo esto se cumple siempre que no haya limitaciones por falta de agua en la zona estudiada. Porque si el agua escasea, entra en juego otra tolerancia de las plantas: la tolerancia a la sequía. 

Pero esa es otra historia.

Referencias

Ameztegui, A, & Coll, L (2011). Tree dynamics and co-existence in the montane–sub-alpine ecotone: the role of different light-induced strategies Journal of Vegetation Science, 6, 1049-1061

10 agosto 2014

Resiliencia

Hay muchas maneras de definir la resiliencia, probablemente tantas como intentos de definirla. Es un término que puede que hayáis oído, ya que está bastante de moda y se aplica a multitud de campos, desde la ecología hasta la economía, pasando por las ciencias sociales y la psicología. Y por supuesto, los gurús del coaching han hecho de ella su palabra favorita. Probablemente podríamos ponernos todos de acuerdo en definirla como "la cantidad de perturbación que puede absorber un sistema sin perder su estructura y funciones básicas". Definir cuáles son esa estructura y funciones básicas ya es más difícil de consensuar, y si hablamos de cuantificar la resiliencia estamos hablando probablemente de uno de los grandes retos de la ecología actual. 

Así se suele representar la resiliencia
Últimamente ando leyendo bastante sobre el tema, y hoy me he encontrado con una metáfora que ilustra muy bien, a mi juicio, el concepto de resiliencia y lo que supone de cambio en la manera de afrontar la gestión del medio natural. La cita está extraída del libro 'Resilience thinking: Sustaining Ecosystems and people in a changing world', de Brian Walker y David Salt, aunque para ser justos está extraída del prólogo, obra de Walter V. Reid. Dice así:

Imagina que estás en un barco, amarrado en un muelle en calma, y quieres transportar un vaso de agua hasta un camarote, lo más rápido posible pero sin derramarla. En este caso, la solución es simple: camina rápidamente, pero no tan rápido como para que se salga el agua. Ahora imagina la misma situación, pero en alta mar, con oleaje intenso. Aquí, la velocidad es un asunto secundario, el verdadero desafío es mantener el equilibrio en una cubierta que cabecea abruptamente. La solución en este caso es encontrar un buen agarre y flexionar las rodillas para absorber los movimientos del barco. En el muelle, la solución es un problema de optimización (caminar lo más rápido posible, pero no demasiado); en el mar la solución requiere de tu habilidad para absorber las perturbaciones, es decir, de tu resiliencia ante las olas.
Desde los tiempos de la revolución agrīcola, los problemas ambientales se han concebido como un problema de optimización, como el reto de llevar el vaso de agua en un bote amarrado en el muelle. Asumíamos que podíamos gestionar los diferentes componentes individuales de un ecosistema de manera independiente, encontrar un balance óptimo entre la oferta y demanda de cada componente, y que los demás se mantendrían constantes a lo largo del tiempo. Sin embargo, hoy sabemos que los ecosistemas son extremadamente dinámicos, su comportamiento se parece mucho más al del barco en alta mar, azotado por las olas, que al amarrado al muelle. Se enfrentan constantemente con eventos inesperados como tormentas, plagas, sequías. Es necesario por tanto gestionarlos para promover su resiliencia, no solo para asegurar el suministro de determinados productos.

31 julio 2014

Publicado el Journal Citations Report de 2013: análisis de las revistas en ecología y ciencia forestal

Hace dos años inauguré la tradición de comentar las principales novedades en la ecología forestal del Journal Citation Report, el informe que evalúa las revistas científicas y les asigna el famoso factor de impacto (IF). Sin embargo, el año pasado no pude seguir con la iniciativa, andaba un poco liado por estas fechas. Pero como esta semana se ha publicado la edición de 2013, vamos a echarle un vistazo a ver qué novedades encontramos.

En el campo forestal (categoría 'Forestry'), el número de revistas indexadas es de 64, siguiendo la tendencia al alza de los últimos años (54 en 2010, 59 en 2011, 62 en 2012). En los puestos de cabeza no hay apenas cambios, y las primeras revistas son las mismas que en años anteriores, en el mismo orden. Forest Ecology and Management, que hace un par de años pegó un subidón considerable, se consolida en el cuarto lugar, mientras que International Journal of Wildland Fire sube hasta el quinto puesto desde el séptimo. De todas formas, las diferencias entre revistas son escasas en esta parte de la tabla, así que podríamos decir que no hay grandes cambios.
Los 40 principales del revisterío forestal. Bueno, vale, son 20. ¿Y qué?
Una de las dos nuevas revistas indexadas es Fire Ecology, publicada por la Association for Fire Ecology y que se cuela directamente en el puesto 20. La otra es Annals of Forest Research (no confundir con la mucho más longeva Annals of Forest Science), una revista Open Access de reciente creación. Hace dos años mencionamos que se incorporaba al JCR la revista española Forest Systems, publicada por el INIA y anteriormente conocida como Investigación Agraria: Sistemas y Productos Forestales. Ya lleva tres años formando parte del listado, pero este año podemos ver que su IF ha bajado de 0,8 a 0,6. Desde luego, esta bajada no es buena señal, pero sigue siendo una recién llegada, así que hay que darle más tiempo para que se afiance y sacar conclusiones.

En la categoría de Ecología hay más movimiento, empezando por un cambio de líder. Y es que, por primera vez en bastantes años la revista con más impacto en Ecología no es Ecology Letters, sino que Trends in Ecology and Evolution le arrebata el puesto (es lo que tiene ser 'trendy'). La revista ISME Journal, dedicada a la microbiología, sube un par de puestos y se coloca cuarta, y se afianza entre las diez primera Global Ecology and Biogeography

El top 20 de la ecología

Como curiosidad, entre las revistas multidisciplinares sigue mandando Nature por encima de Science. La controvertida revista open access PLoS One sigue perdiendo fuelle por tercer año consecutivo, desde que tocara techo en 2010.

Una vez más, la prestigiosa revistas Science y Nature son las más citadas entre las de 'batiburrillo científico'
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