28 enero 2015

Feederwatch: espiando a las aves

No hay duda de que el otoño en el nordeste americano es espectacular. Durante unas pocas semanas de octubre se pueden ver paisajes de esos que de pequeño sólo veíamos en las cajas de los puzzles: lagos salpicados de bosques multicolores, con abedules de color amarillo limón, arces de todos los tonos de naranja y rojo, hayas doradas... Sin embargo, hacia finales de otoño, ya hay más hojas en el suelo que en las ramas, y uno empieza a darse cuenta de que el invierno está al caer. Para colmo, hay que ver como los animales, uno tras otro, empiezan a marcharse hacia el sur a pasar el invierno. Incluso juraría que un día vi a un grupo de gansos que mientras se iba gritaba ¡Ahí os quedais! ¡Pringaos!

Un paisaje cualquiera de Quebec, en otoño (PN Mont-Tremblant). Foto: Nuria M. Pascual
Pero como en Asterix, no todos los animales sucumben al invierno. Unos cuantos irreductibles se quedan, y adoptan variadas estrategias para sobrevivir a un invierno que - ya os lo digo yo - es muy duro. Especies como el oso o las tortugas - sí, las tortugas - entran en hibernación y se pasan el invierno en letargo, mientras que otras, como las ardillas o numerosas aves simplemente reducen su metabolismo y pasan el invierno entre las reservas que han acumulado los meses anteriores y los pocos alimentos que puedan conseguir durante los días menos crudos de invierno. Por eso, para estos animales, un comedero lleno de semillas ricas en grasas es como maná caído del cielo.

Precisamente eso, el impacto de los comederos sobre las aves durante el invierno, es lo que estudia el proyecto Feederwatch, coordinado por el Laboratorio de Ornitología de la Universidad de Cornell, probablemente el más conocido y prestigioso del mundo. Feederwatch es un gran ejemplo de cooperación entre científicos y aficionados, aprovechando la enorme tradición de observación de aves en norteamérica. No dejéis de echar un vistazo a la web del proyecto, para mi un ejemplo de lo que debe ser una web que pretenda animar a la gente a participar. Cualquier persona puede inscribirse y aportar sus observaciones, bien sea instalando un comedero en su casa (se estima que hasta el 40% de los hogares estadounidenses lo tienen) o acudiendo a hacer observaciones a los que hay en parques públicos.

En invierno, un comedero como este, lleno de pipas de girasol, es una bendición para las aves. En la imagen, Haemorhous mexicanus, un recién llegado a la costa este

Animados a hacernos pajareros, este otoño nos hicimos con un comedero para ponerlo en la terraza. Pero nuestros primeros pinitos no fueron muy exitosos. Primero, una tormenta empapó las semillas e hizo que germinaran todas dentro del comedero. Y después, una panda de gorriones matones descubrió el comedero e hizo de él su coto privado, acabándoselo en menos de 2 días. Así que aprovechando algunos días soleados de invierno, hemos tirado de comederos ya instalados. Lógicamente, al estar en una ciudad, uno no puede esperar encontrarse grandes sorpresas, y dudo mucho que cualquier ornitólogo mínimamente aficionado pudiera hacer ningún bimbo (curioso este término, que todos los 'pajareros' utilizan pero del cual pocos conocen el origen). Pero para un novato como yo, ir a los comederos es una ocasión perfecta para ver de cerca algunos pajarillos interesantes.

Una cosa que llama la atención de los comederos son los mecanismos 'anti-ardillas'. Aunque a nosotros nos parezcan simpáticos animalitos, aquí ven a las ardillas casi como ratas con cola peluda, y se cuidan muy mucho de que no puedan acceder a los comederos. Pero si algo son las ardillas es listas y tenaces, y son capaces de superar casi cualquier obstáculo. Así que proteger los comederos implica instalar bandas resbaladizas en la base de los postes, tejadillos sobre el comedero para que no puedan llegar saltando... aun así, es raro el comedero en el que no hay un buen grupo de ardillas comiendo los restos que caen al suelo. Y es que en invierno no hay que dejar pasar ninguna posibilidad de comer un poco.
Uno de los comederos,y detalle de las ardillas rapiñando los restos

Pero volviendo a las aves, las que más frecuentan los comederos son especies que podríamos llamar 'sociables', en el sentido de que están acostumbrados a los humanos. En general son especies, no demasiado llamativas como carboneros (Poecile atricapillus) o trepadores (Sitta carolinensis). Como decía, nos son muy espectaculares, pero están tan acostumbrados a los comederos y las personas que no es raro que, con un poco de paciencia, incluso vengan a comerte de la mano. El impacto de los comederos sobre estas aves se conoce bastante bien, y es en general positivo, sobre todo en los inviernos más fríos. La tasa de supervivencia de los carboneros con acceso a un comedero es casi el doble, y además se ha observado, para esta y otras especies, que los que van al comedero pesan más de media, ponen más huevos y más grandes y hacen la puesta antes que los que no tienen esa fuente extra de alimento.

El carbonero de capucha negra, probablemente el ave más común en esta zona. Foto: Nuria M. Pascual

Un descarado trepador pechiblanco, que se permitía elegir el tipo de semilla que más le apetecía. 
Pero hay algunos otros estudios que han observado un efecto contrario. En el Reino Unido, un grupo de investigación ha visto que los carboneros europeos (del género Parus, diferente al Poecile de los americanos) que se alimentaban en comederos ponían menos huevos y tenían menos crías que sus congéneres. De momento son sólo 2 estudios frente a otros muchos que han mostrado efectos positivos, así que hay coger los resultados con cierta cautela. Además, los mecanismos que podrían provocar este efecto negativo aún no están claros. Los autores apuntan a dos posibles explicaciones. En primer lugar, podría ser que el hecho de instalar los comederos elimine una cierta selección natural, permitiendo reproducirse a individuos que antes no lo habrían hecho, por lo que bajaría la media reproductiva. También sugieren que una excesiva dependencia de las semillas - muy grasas - podría estar desequilibrando la dieta de los carboneros. Hará falta seguir investigando para saber porqué los comederos sientan tan mal a los carboneros ingleses, si es que los resultados se confirman.

El cardenal (Cardinalis cardinalis), cuyo plumaje rojo y su cresta resaltan sobre la nieve. Foto: Nuria M. Pascual
La hembra del cardenal (Cardinalis cardinalis), de plumaje menos vistoso pero igualmente bonita. 
Pero como os decía, y al margen del efecto sobre las aves, visitar los comederos de los parques permite ver algunas aves más que interesantes. Otro de los más comunes es el emblemático cardenal (Cardinalis cardinalis), cuyo plumaje rojo chillón resalta muchísimo sobre la nieve. Además, muchos de los parques de Montreal son bastante boscosos, y en los más grandes como Mont-Royal se pueden ver aves que no dependen tanto de los comederos y son más propias de ambientes nemorales, como los picapinos. Aunque uno no esperaría que estas aves se alimentaran de los comederos, la verdad es que suelen rondarlos, y alguna semilla cae de vez en cuando, si bien es cierto que no con la frecuencia de cardenales o carboneros. 

En una de nuestras visitas a Mont-Royal, por ejemplo, pudimos ver muy de cerca un impresionante pito crestado (Dryocopus pileatus), el picapinos más grande de Norteamérica, con su característica cresta roja. Esta es un ave que se alimenta sobre todo de hormigas y larvas, y pudimos verle en acción, ensañandose con la madera de un árbol muerto. Sin embargo, los más habituales son el pico pubescente (Picoides pubescens), el menor de Norteamérica, o el pico velloso (Picoides villosus), de plumaje prácticamente idéntico pero de mayor tamaño y pico más largo. 

Un pico velloso. Aunque su alimento principal son los insectos, no hace ascos a una buena semilla. Foto: Nuria M. Pascual

Pito crestado, buscando insectos bajo la corteza. Foto: Nuria M. Pascual


Nota freakie: en el parque Mont-Royal se ha popularizado tanto como lugar de observación de aves que hay hasta un poco de merchandising sobre el tema. ¡Mirad el regalito que nos cayó la última vez que fuimos! ;-)




10 enero 2015

In memoriam: Juan Ruiz de la Torre

Anoche me enteraba, a través de un tuit del Colegio de Ingenieros de Montes, del fallecimiento de Juan Ruiz de la Torre,  sin duda todo un referente de la ciencia forestal y probablemente el más prestigioso y reconocido de los forestales españoles. Nunca tuve la ocasión de tenerle como profesor, ni siquiera llegué a conocerle en persona, pero su obra habla por sí misma. Y no solo porque sea extensa, sino porque Ruiz de la Torre fue un pionero en muchos aspectos, y algunos de sus trabajos se convirtieron en auténticas referencias que han formado a centenares de profesionales, a generaciones enteras de amantes y estudiosos de los bosques.

Entre esas obras pioneras destaca la creación del primer Mapa Forestal de España a escala 1:200.000, que tantas y tantas veces hemos consultado durante la carrera (en papel, por supuesto, que uno tiene ya una edad!). El MFE, iniciado en 1985, supuso un contrapunto "realista" al más teórico "Mapa de series de vegetación", donde se incidía quizá demasiado en el concepto de especies climácicas y se olvidaba el papel del hombre en el paisaje actual.
Esa portada con las hojas de los robles es mítica
Terminar el Mapa Forestal, en una época en la que no había imágenes digitalizadas, supuso nada menos que 14 años de duro trabajo de fotointerpretación y posterior validación en campo. Trabajo que sirvió de base para la primera edición digital, que fue a su vez el origen de las posteriores versiones a escalas más detalladas (1:50.000 y 1:25.000, esta última aún en curso).

Una hoja del mapa forestal original de España de Ruiz de la Torre

Pero si por algo se ha reconocido a Ruiz de la Torre es por sus conocimientos botánicos, no en vano fue Catedrático de Botánica en la E.T.S.I. Montes de Madrid entre 1968 y 1999, y es coautor del libro de referencia de la botánica forestal española, el ya mítico "Arboles y arbustos de la España Peninsular". Toda una enciclopedia sobre botánica, ecología y usos de todas las especies leñosas que encontramos en nuestros montes, posteriormente actualizado en el no menos enciclopédico "Flora Mayor.

El pasado 9 de diciembre, la Academia Española de Ingeniería concedía al Dr. Ruiz de la Torre el reconocimiento como Ingeniero Laureado, un reconocimiento sin duda merecido, y que - aunque no pudo asistir por problemas de salud - por fortuna llegó un mes antes de su fallecimiento.

Sin duda, se ha ido uno de los grandes de la ciencia y la técnica forestal española.

Descanse en paz, profesor.

Algunas de sus principales obras

'Reinventando las plantaciones forestales': primera colaboración en Principia

Plantar un árbol es uno de los mejores gestos que podemos hacer por el medio ambiente... ¿Y si plantamos miles?

Así comienza 'Reinventando las plantaciones forestales', la primera de mis colaboraciones con Principia. Para los que no lo sepan, Principia es una plataforma de divulgación científica creada hace poco que busca transmitir la ciencia de una manera amena y accesible a todo el mundo, y de la que tengo la enorme satisfacción de formar parte. Los artículos de Principia cubren todo tipo de temas, y mi misión es encargarme de que, cada cierto tiempo, no falten las referencias a los bosques, la ecología y la gestión del medio ambiente.

En este primer artículo hago un repaso a algunas de las nuevas tendencias en plantaciones forestales, que incorporan los últimos conocimientos científicos sobre la relación entre diversidad y productividad, así como del papel que pueden jugar las plantaciones - bien planificadas y gestionadas - en la conservación de la biodiversidad.

Podéis leer la entrada completa en la web de Principia. ¡Y no os perdáis el pedazo de ilustración que se ha currado Sr. Brightside!

Chopera en el valle del río Cinca (Huesca)



Plantación mixta de abedul y pícea en Quebec

30 diciembre 2014

(Breve) balance de 2014

Un día, uno levanta la cabeza, mira el calendario, y se da cuenta de que 2014, que parece que empezara hace nada, está a punto de acabar. Y como ya va siendo tradición, no quería dejar que se fuera sin antes hacer un breve balance de lo que ha supuesto el año para Forestalia, como ya hicimos en 20112012  y 2013

No nos vamos a engañar: este año he escrito poco. Demasiado poco. Si el año pasado lo acababa poniendo de excusa los cambios y el ajetreo del traslado a Montreal, 2014 ha sido en ese sentido mucho más tranquilo. Lo malo es que, una vez asentados aquí, el volumen de trabajo que he tenido ha sido considerable, y me ha impedido escribir más a menudo. Ni siquiera el intenso frío canadiense me ha hecho escribir más. Si es que ya me lo digo a veces a mí mismo, que me meto en demasiados fregaos. Pero bueno, a estas alturas de la vida ya no vamos a cambiar, así que dejando de lado excusas baratas y ciñéndonos al blog, vamos a hacer un repaso a las 5 entradas más leídas de entre las publicadas este año:

Este verano tuve la fortuna de visitar un país maravilloso: Colombia. Un viaje que dio mucho de sí, y del que compartí con vosotros uno de los lugares que más me impresionó: un palmar a casi 3.000 metros de altitud, con palmas de más de 40 metros de alto, que sobresalen entre los árboles. Investigando un poco sobre la palma de cera (Ceroxylon quindiuense) descubrí que se trata de una monocotiledónea tan singular como amenazada: a pesar de la espectacularidad de los palmares, la falta de regeneración amenaza el futuro de un ecosistema único. Además, esta entrada inauguraba una nueva sección sobre bosques singulares. Sección que, a día de hoy, sólo cuenta con esa entrada. Shame on me. Pero todo llegará, tengan ustedes paciencia.

Una de esas entradas que no podría haber escrito sin haber venido a Quebec, la tierra donde el sirope de arce es todo un símbolo. Tuve la suerte de visitar un par de érablières ('granjas' de producción de sirope) y aprender más sobre dónde, cuándo, y cómo se produce este dulce, muy dulce, líquido. Una entrada de las que me gusta escribir, donde aprendimos desde fisiología - quién hubiera dicho que el sirope procede de la savia bruta, ¿verdad? - hasta usos tradicionales y aprovechamientos forestales, además de otras curiosidades. ¡Ya estoy deseando que llegue otra vez marzo para ir corriendo a las cabañas de azúcar!

A veces, curioseando por ese océano de aguas turbulentas que es internet, uno se encuentra con videos la mar de interesantes. Eso me pasó un día de marzo, documentándome para una entrada que quería escribir sobre las adaptaciones de las plantas al frío. Me encontré con un vídeo que resumía,  en poco menos de 3 minutos, todo lo que os quería contar. Y mejor de lo que yo podría contarlo. Pero el vídeo sólo existía en inglés. Por suerte los chicos de Minute Earth tenían montada una plataforma que permitía crear y traducir subtítulos con facilidad, y me puse manos a la obra. Ya os digo que no será la última vez que utilice esta opción de crear subtítulos, para así acercar a los hispano-hablantes algunos de los recursos que - demasiado a menudo - sólo están disponibles en inglés. De hecho estos días estoy ando subtitulando otros 2 videos, ¡tendréis noticias pronto!

Sinceramente, no esperaba encontrar esta entrada en el segundo puesto de las más leídas. Y me produce una especial alegría, porque ha sido una de las pocas ocasiones en las que utilizaba el blog para hablar de mi propio trabajo, de mis propias investigaciones. El concepto de tolerancia a la sombra, aunque se usa a menudo, está lejos de estar claramente definido, y aún hoy en día sigue habiendo un cierto debate sobre qué caracteriza la tolerancia, y qué rasgos hacen que una planta resista mejor en condiciones de poca disponibilidad de luz. No sabéis el error que habéis cometido visitando tanto esta entrada, ¡eso me anima a soltaros más rollos sobre mi trabajo!

A pesar de que este año he escrito poco, ha sido el segundo de la historia del blog con más visitas. Y todo se debe a esta entrada, que para mi sorpresa, llegó a portada de Menéame. Con todo lo que eso supone: miles de visitas, nuevos lectores, comentarios de todo tipo... y que diarios como ABC recogieran la entrada. Modificándola a su antojo, por cierto, y haciendo caso omiso a la licencia CC del blog y a mi petición de explicaciones. En cualquier caso, una historia a la que llegué de manera casual, y que se ha convertido en la segunda entrada más vista en la historia de Forestalia. Y es que el misterio vende, y sino que se lo pregunten a Iker Jiménez.

En definitiva, un top 5 muy forestal, ya voy viendo que lo que más interesa es el tema principal del blog, no tanto mis desvaríos ocasionales. Tomo nota. Igual que ya hice el año pasado, este año he intentado compensar lo poco que escribía en el blog siendo más activo en Facebook, donde he colgado bastantes enlaces a noticias o vídeos que me parecían interesantes. Y parece que esa faceta os gusta, ya que por segundo año consecutivo el número de seguidores se ha doblado, y ya somos más de 800. ¡Mil gracias a todos los que me seguís por ese medio!


Además, en 2014 se ha materializado mi participación en un proyecto que me hace especial ilusión: formar parte de Principia, la nueva aventura de divulgación que ha emprendido el equipo que llevaba la excelente JoF. Con un equipo y nos antecedentes así, no dudé ni un minuto en subirme al carro (ya os he dicho antes que tengo problemas con eso de decir que no). Mi primera colaboración con ellos aún no se ha publicado - tiene que estar al caer -, pero seguro que el año que viene vendrán unas cuantas más, de las que iré informando puntualmente por aquí. Mientras tanto, os recomiendo a todos que le echéis un ojo a la web del proyecto y que les (nos) sigáis en Twitter o Facebook.

Y ahora es cuando debería hacer propósito de enmienda y deciros que en este año que viene voy a intentar sacar más tiempo y escribir más a menudo, pero siendo sincero, no estoy seguro de que lo pueda lograr. Y no sólo porque el 2015 se presente muy cargado de trabajo - que también - sino porque en unos pocos meses llegará a mi vida una personita que, probablemente, ocupe todo el tiempo libre que pudiera tener. Así que lo único que os puedo decir es que haré lo que pueda, o más bien, lo que me dejen. Quién sabe, ¡quizá en las interminables horas de lloros e insomnio nocturno que me esperan por delante me de por escribir, y sea el año más productivo en Forestalia!

En cualquier caso, muchas gracias a todos por seguir ahí, feliz año, y sobre todo:

¡Sed felices!




01 diciembre 2014

Como gestionar el correo electrónico y no morir en el intento

Ayer, durante el vuelo de vuelta a Montreal, terminaba de leer el libro "Get Organized: How to Clean Up Your Messy Digital Life" de Jill Duffy. Con la de cantidad de información que tenemos en formato digital, me interesaba saber cómo proponían gestionarla alguno de los gurús del tema. El libro daba pistas sobre cómo gestionar mejor diversos aspectos de la vida digital, incluyendo fotos, música, correo electrónico, contraseñas... Pero la verdad es que me ha decepcionado bastante, más que nada porque me ha parecido muy básico. No decía nada nuevo o que no me parezca de sentido común, nada que no se pueda encontrar fácilmente buscando por Internet. Pero después de pensarlo un poco, me he dado cuenta de que varias personas se han sorprendido ya por lo organizado que soy con el ordenador, así que, después de todo, puede que el libro no me diga nada nuevo porque yo ya lo pongo en práctica, no porque no sea útil. Así que he pensado en salirme de la temática habitual del blog (si es que la hay) y compartir unos briconsejos sobre la manera en que gestiono una de las herramientas que más dolores de cabeza suelen dar:  el correo electrónico. Advertidos quedáis.

Postman Pat sí que sabría que hacer con el correo

Una cuenta para gobernarlos a todos

Antes que nada, quiero aclarar que no he inventado la rueda, ni mucho menos. Todo lo que os voy a contar aquí lo he sacado de diversas fuentes, copiando de aquí y de allá lo que me parecía interesante, probando cosas y dejando de lado lo que veía que no me funcionaba. Cada uno tiene su receta, así que lo que me ha ido bien a mí no tiene porque iros bien a vosotros. Por ejemplo: hace ya un tiempo que decidí gestionar todo el correo - personal y de trabajo - en una sola cuenta. No es que no tenga varias cuentas, de hecho tengo 5 (una personal, una para el blog, y 3 de trabajo, recuerdos de las distintas instituciones por las que he pasado), pero las redirijo todas hacia una única cuenta de Gmail, desde la que gestiono todo. Seguro que a mucha gente, partidaria de separar vida privada y laboral, esto les parece una aberración, pero hace ya tiempo que lo hago así, y estoy muy satisfecho. No voy a entrar en los detalles de cómo redirigir los correos hacia Gmail, ya que no era este el objetivo de la entrada, pero si estáis interesados en saber cómo hacerlo, podéis consultar diversas fuentes que han publicado tutoriales.

Si piensas que Google es el mal, puede que no te guste esta solución. Fuente
Otro consejo que me permito: huid de las notificaciones automáticas como de la peste. Si uno quiere ser medianamente productivo, no hay nada peor que una ventanita que surge de la nada e interrumpe lo que estás haciendo. Debes ser tú el que decidas en qué momento consultar el email, y cada uno tendrá sus momentos y su frecuencia, en función de la carga de trabajo y del número de correos que reciba, pero por regla general ningún email requiere que lo leas inmediatamente. Si el asunto es verdaderamente urgente, lo más probable es que te vayan a ver en persona o te llamen por teléfono. 

OK, tengo un email. ¿Y ahora qué?

Lo verdaderamente importante para gestionar una cuenta de correo es qué hacer con un email una vez que te llega. Para mucha gente, lo que más estrés les causa es la acumulación de correos en la bandeja de entrada. Pero esto, una vez más, es muy personal. Tengo colegas que son perfectamente felices teniendo 650 correos sin leer en la bandeja de entrada. Si eres de esos, probablemente lo que sigue no te interese en absoluto. Pero conviene recordar que la idea es ser lo más organizado posible no sólo para sentirnos mejor y tener todo más ordenado, sino sobre todo para ser lo más eficaces posible en las respuestas, para no perder tiempo y, a la vez, no hacérselo perder al que está esperando una respuesta por nuestra parte. 

La idea a evitar

Para mí, y en eso comparto la clasificación de Duffy y otros autores, cuando recibes un mensaje hay básicamente 4 cosas que se pueden hacer con él, en función del contenido y del remitente:
  1. Leerlo, sin que haga falta hacer nada más.
  2. Responderlo/resolver una acción
  3. Posponerlo para más tarde
  4. Borrarlo
La primera consigna es contestar o leer en el momento todo aquel correo que requiera menos de 3-4 minutos. Sin excepciones. Si resolverlos lleva tan poco tiempo, no tiene sentido posponerlos, es mejor quitárnoslos de encima. Una vez contestados o leídos, se archivan, para que desaparezcan de la bandeja de entrada. Y lo mismo con los que no requieran hacer nada. Si pensamos que es conveniente guardarlos, se archivan. Y si no, directamente se eliminan. Con los años he perdido bastante el miedo a borrar emails, la mayoría de los que recibimos no tienen ninguna importancia y se pueden borrar sin reparos. Para que esto sea eficaz, por supuesto, las notificaciones automáticas deben estar desactivadas, como he dicho antes, ya que si no corremos el peligro de estar constantemente leyendo emails en vez de estar trabajando en otras cosas. 

Los 'pa luego': la gestión de los emails pospuestos

Una vez interiorizado esto, la clave está en la gestión de los emails pospuestos, aquellos que requieren una acción por nuestra parte, pero que nos llevarán algo más de tiempo. Si sé que tengo que contestar el email en el día, lo dejo en la bandeja de entrada, de manera que seguirá ahí la siguiente vez que entre al correo. Si requiere más trabajo y puede que vaya a tardar más tiempo en resolverlo, utilizo una de las funcionalidades de Gmail más interesantes (y menos conocidas): las estrellas de colores. A la izquierda de cada correo, al lado del remitente, veréis una estrella, que por defecto está apagada. Haciendo click en ella, la estrella se enciende, y si se vuelve a hacer click, se apaga. Para poder marcar los mensajes de distintos colores hay que activar la función, a la que se accede en Configuración/General/Estrellas (ver aquí).

De esa manera, podemos marcar con una color diferente los correos, en función de qué tenemos que hacer con ellos. En mi caso, utilizo dos colores: morado para aquellos correos que requieren que los lea con más calma (enlaces a noticias o videos interesantes, documentos...), y naranja para los que requieren alguna acción o una respuesta más detallada (por ejemplo, un email de un amigo en el que me cuenta cómo le va y me pregunta por mi vida, un correo de trabajo que requiere que de una respuesta o envíe comentarios a un documento). Posteriormente, los archivo, para que no se acumulen en la bandeja de entrada. 

Mi verdadero objetivo oculto: un plan para procrastinar lo más posible
Eso sí, si es algo de trabajo o importante, y sé que me va a llevar un tiempo contestar, antes de archivarlo envío una respuesta en la que digo que he recibido el correo, me disculpo por no contestar enseguida y, si puedo, hago una estimación de cuándo podré tener la respuesta. Esto último me lo he impuesto después de ver cómo algunas personas consideran perfectamente normal recibir un correo en el que se les pide hacer algo, y que pasen semanas sin contestar, sin siquiera confirmar que lo han leído y si van a poder contestarlo o no. Eso te deja con la duda de si lo que has propuesto les parece bien o si ni siquiera lo han leído, y acaba obligando a enviar un segundo correo recordatorio unos días después. Es un comportamiento que odio, y para evitar caer en él, prefiero informar a la persona de que he recibido el correo y que debería poder contestarle en x días, o semanas, o cuando sea. Es una cuestión de educación.

Por supuesto, cada uno puede crear el número de categorías que quiera, pero encuentro que estas dos (leer y responder) funciona bastante bien. Cuando tengamos un momento y queramos acceder a los emails pospuestos, basta con consultar los correos que tienen una estrella morada (recordad, los que requieren que los lea con calma) o los que tienen una estrella naranja (que requieren una respuesta/acción). Para poder consultarlos en cualquier momento, tengo creados dos filtros, que actúan como una especie de lista de tareas pendientes. Para crear los filtros basta con escribir en la barra de búsqueda "has: purple-star" (para la estrella morada) o "has:orange-star" para la naranja. Si se quiere hacer aún más fácil, se pueden guardar estas búsquedas como accesos directos en la barra de la izquierda, de manera que estén siempre a mano. Yo los tengo guardados con los nombres de "@Para hacer" y "@Para leer", respectivamente. Para guardarlos, tendremos antes que activar la funcionalidad 'Enlaces rápidos' de Gmail (pulsa aquí para ver cómo hacerlo).

Los emails a leer o a responder, a un click

De esta manera, los emails pospuestos no aparecen en la bandeja de entrada, y por lo tanto, no se nos acumulan los correos. Cuando queramos acceder a las 'tareas' pendientes, basta con acceder a los filtros. Por ejemplo, cuando tengamos la respuesta para un correo de los de "@Para hacer", la escribimos, y le quitamos la estrella. Automáticamente desaparecerá de nuestra lista y quedará archivado. De igual manera, si tenemos un rato para leer emails, basta con hacer click en "@Para leer". A aquellos correos que leamos, les quitamos la estrella, y como ya estaban archivados, así seguirán. 

Los emails pendientes de leer, un día cualquiera. Algunos llevan tiempo ahí.

Y básicamente esto es todo. Supongo que a algunos os parecerá un método innecesariamente complicado, pero os aseguro que una vez te acostumbras a marcar y desmarcar los correos en el momento, el día a día no puede resultar más sencillo e intuitivo. Llevo ya varios años funcionando así y sigo muy satisfecho. La clave está en ser disciplinado, si no no sirve de nada. Al menos para el volumen de correos que recibo yo, me funciona muy bien, y evita que se me pasen cosas. 

El último producto de Google (Inbox para Gmail) parece que va en esta dirección, la de utilizar el correo como recordatorio de tareas pendientes, una función que casi todo el mundo le daba ya. Hace unas semanas que conseguí una invitación, y aunque la herramienta promete (de hecho funciona de una manera muy parecida a la que propongo aquí) se nota que todavía está en beta, así que habrá que ver hacia donde la encaminan.



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