El cambio climático y los trabajos forestales: el deshielo


En la mayor parte de los bosques boreales, los aprovechamientos forestales se llevan a cabo en invierno. Los motivos son varios: por un lado, como el suelo está helado se puede acceder con maquinaria a zonas que durante el verano están encharcadas (zonas pantanosas, turberas), las cuales no son nada raras en este tipo de bosque en el que el nivel freático está casi en superficie. Por otro lado, se reducen los daños por erosión debido al paso de los camiones, que en estas latitudes - ya os lo digo yo - no se andan con chiquitas: van bien cargados y a todo trapo.

A estas alturas todos tenemos bastante claro que el cambio climático puede afectar a la distribución de las especies, hacer que estas estén mal adaptadas, al riesgo de incendios... De lo que no se habla demasiado es de los problemas que puede ocasionar en los trabajos forestales. Las previsiones apuntan a inviernos más cortos y con episodios puntuales de subidas bruscas de temperaturas, que ya se ha constatado que son más frecuentes ahora que hace 30 años. Por poner un ejemplo, este lunes en Montreal teníamos -13ºC, y ayer estábamos a +8ºC. Esto lleva a fenómenos de deshielo repentino. En esas condiciones, lo que se ve en el siguiente video se volverá cada vez más habitual:



Haha (Y)By:TGA
Posted by Holztransport on Lunes, 23 de marzo de 2015


(Video visto en la página de Facebook del Centre d'Étude de la Forêt)

La gestión de los pies menores o la manta demasiado corta

Uno de los fenómenos más estudiados y aceptados en la ecología del fuego es la llamada 'paradoja de la extinción', cuyo ejemplo más típico suele ser el de la costa oeste de Norteamérica. Históricamente, antes de la llegada de los europeos a las sierras californianas, había incendios cada pocos años, pero eran de baja intensidad: mataban los árboles más pequeños pero no a los grandes, de manera que el propio fuego se encargaba de mantener estructuras más adaptadas para hacer frente a los grandes incendios. Tras años de exitosa política de extinción, de apagar todos los focos que se producían, la estructura del bosque había cambiado considerablemente, con multitud de pequeños árboles dominados y arbustos, de manera que cuando se producía - porque inevitablemente se acaba produciendo - un incendio, éste se hacía mucho mayor, más difícil de controlar, y los daños eran considerablemente mayores.

Un bosque 'aclarado' tras el paso de un incendio de baja intensidad. Sierra Nevada, California
En cambio, así quedó otro bosque cercano tras el paso de un fuego de alta intensidad. Sierra Nevada, California

Por todo esto está más que aceptada, en la lucha contra los incendios, la necesidad de evitar estructuras de vegetación con las que los incendios se propaguen con facilidad. Por eso a menudo se habla de conceptos como 'limpiar el monte', 'eliminar combustible', 'cambiar el modelo de combustible', etc. según la escuela de cada uno. Pero básicamente la idea es la misma: eliminar los árboles dominados o secos y los arbustos que pueden promover la propagación del fuego desde el suelo hacia las copas, ya sea mediante desbroces, podas, uso del ganado para mantener 'limpias' zonas determinadas o incluso a través de quemas prescritas


Una quema controlada para eliminar sotobosque. Fuente: CTFC

Sin embargo, un reciente estudio, publicado en la revista Frontiers in Ecology and Evolution, cuestiona que la eliminación sistemática de los pies menores (que es como se llama en términos forestales a los árboles más pequeños) sea una buena estrategia de cara al futuro. Los autores se basan en dos premisas para hacer esa afirmación: en primer lugar han podido comprobar, usando los informes de los agrimensores que realizaron el primer catastro durante la colonización del oeste,  que el porcentaje de árboles pequeños en los bosques del oeste norteamericano era mucho mayor de lo que se pensaba. No sólo eso, sino que en todas las parcelas que han estudiado, los árboles de menos de 40 cm de diámetro eran la mayoría, entre el 51% y el 98% del total.

Además, también han comprobado que los insectos son actualmente una amenaza mucho mayor que los incendios para los bosques del oeste americano. En concreto, han visto que las plagas han ocasionado mortalidad en más de 5 millones de hectáreas, casi 6 veces más que las 900 mil afectadas por incendios de severidad alta o moderada.

Distribución diamétrica en algunas de las parcelas estudiadas. Fuente: Baker & Williams, 2015

Por todo ello, teniendo en cuenta que los insectos afectan sobre todo a árboles maduros y/o debilitados, los autores concluyen que una política encaminada a eliminar sistemáticamente los árboles más pequeños puede ser adecuada para luchar contra los incendios, pero no es necesariamente la mejor estrategia para hacer el bosque resiliente a las amenazas que le pueden llegar en el futuro.

Quizá se pueda achacar a los autores que caricaturizan la gestión encaminada a la prevención de incendios. Es cierto que se dedican no pocos recursos a 'limpiezas' de vegetación, pero hasta donde yo sé, no se plantea realizarlas en todos los bosques, para empezar porque resultaría exageradamente caro. Como casi siempre, la solución óptima probablemente consista en un cierto compromiso entre ambos extremos. En los lugares de mayor riesgo de incendios, o en aquellos bosques más cercanos a núcleos urbanos, dejar mucha vegetación de pequeño tamaño puede ser una temeridad. Pero una limpieza sistemática de los bosques puede llevar a una homogeneización de estructuras y tamaños que puede ser también peligrosa. 

En cualquier caso, un buen ejemplo de que la gestión del medio natural a veces es, citando al futbolista brasileño Tim, como una manta demasiado corta: si te tapas los pies descubres la cabeza, y si te tapas la cabeza te descubres los pies.

Cortas de saneamiento ('salvage logging') tras un incendio de alta intensidad

Referencia

ResearchBlogging.org Baker, W., & Williams, M. (2015). Bet-hedging dry-forest resilience to climate-change threats in the western USA based on historical forest structure Frontiers in Ecology and Evolution, 2 DOI: 10.3389/fevo.2014.00088


Más sobre la palma de cera del Quindío


Hace unos meses, al poco de volver de Colombia, os contaba la historia de la impresionante palma de cera del Quindío (Ceroxylon quindiuense), el árbol nacional de Colombia. Una palmera que alcanza hasta 60 metros de altura y que vive en los valles andinos del Eje central, a casi 3.000 m de altitud. Una curiosidad geobotánica tan hermosa como amenazada, ya que como os contaba, la regeneración de la palma está en peligro.

Pues bien, Rodrigo Bernal, investigador de la Universidad Nacional de Colombia que trabaja sobre la palma me ha mandado un video que han realizado en su grupo sobre esta especie. Son 7 minutos que permiten conocer la especie y admirar los paisajes de ensueño de los valles donde vive, pero también permite tomar conciencia de su importancia para la biodiversidad y la economía de la región. Y es que como bien dice Marco Fidel Torres, uno de los protagonistas del video: 'el ropaje de este paisaje es la palma'. Sin más, os dejo con el vídeo, no sin antes agradecer a Rodrigo por su trabajo y por acordarse de este blog.


Proyecto de modificación de la ley de Montes: ¿cuáles son las novedades?

Si seguís un poco la actualidad en temática forestal, es posible que ya sepáis que se está tramitando una modificación de la Ley de Montes actualmente en vigor, que data de 2003. Y además es probable que os hayáis enterado por la polémica al respecto, que ha generado no pocos artículos y hasta una campaña en Change.org pidiendo su retirada, con su correspondiente hashtag #StopLeyMontesPP.


¿Pero qué contiene esta proposición de Ley que ha indignado a tanta gente?

Pues la principal novedad, la que ha levantado más ampollas, es la modificación del artículo 50 de la antigua Ley. Este artículo ya fue modificado en 2006 para incluir la prohibición de cambiar el tipo de uso del terreno forestal durante los 30 años siguientes a un incendio. En la propuesta que está actualmente en el Congreso se añade una excepción: podrá cambiarse el uso cuando haya motivos de interés público de primer orden, articulados a través de una Ley. No vamos a dudar de la buena fe del redactor de este añadido, pero teniendo en cuenta el triste historial de nuestros gestores públicos en cuanto a montes quemados (¿quién ha dicho Terra Mítica?) dejar abierta esta ventana a la recalificación de terrenos quemados parece estar muy lejos de ser una buena idea.

Pero además hay otros cambios que han pasado más inadvertidos, y que comentamos a continuación. Pero antes quiero agradecer a los autores del blog Aula Selvicultura por colgar un documento donde se recogen, con control de cambios, las principales diferencias entre la Ley en vigor y la propuesta, y que os incluyo al final de la entrada. Toda modificación de una ley debería publicarse así, para que los cambios queden claros.

Tipos de monte y planificación forestal

La propuesta de Ley simplifica en cierta medida la clasificación de los montes. Así, habría básicamente cuatro tipos de montes:

* Públicos: los de titularidad pública (Estado, CCAA, entidades locales u otros)
* Demaniales o de Utilidad Pública: los públicos que cumplan una serie de características por su papel como protectores del suelo, cabecera de cuencas, protección de biodiversidad etc.
* Privados: los de titularidad privada 
* Protectores: los que, cumpliendo los mismos requisitos que los demaniales, sean privados

A priori está clasificación me gusta, es lógica y más clara que la anterior, pero la propuesta incluye otro cambio relevante: la obligatoriedad de contar con instrumento de gestión (proyecto de ordenación, plan dasocrático o equivalente) se limita ahora a los montes de Utilidad Pública y los protectores. Para el resto, es la Comunidad Autónoma la que establece si es obligatorio o no disponer de instrumento de gestión. Para los que no lo sea, insta a las Comunidades a aprobar modelos técnicos tipo de gestión que incluyan series de actuaciones silvícolas aplicables (tipo los ORGEST de Cataluña), a los que los propietarios se podrán adherir voluntariamente. A algunos les parece que esta modificación lleva al descontrol sobre la gestión de los montes, otros aseguran que la incentiva al facilitar los procedimientos y trámites (se estima que sólo el 12% de la superficie forestal tiene instrumento de gestión aprobado).

Pinar en Soria, una de las provincias con mayor tradición de ordenación forestal (y mejores setas!)

Gestión y aprovechamientos
Como antes, la C.A. gestiona los montes de su propiedad y los de Utilidad Pública, mientras que el resto de montes públicos y todos los privados serán gestionados por su titular. En cuanto a los aprovechamientos, en aquellos montes que cuenten con un instrumento de gestión aprobado, bastará con emitir una declaración responsable. En el resto, hará falta una autorización administrativa previa al aprovechamiento, aunque quedan excluídos los aprovechamientos de turno corto (menos de 20 años) o aquellos en que se extraigan menos de 10 m3 de madera o 20 estéreos de leña. 

También crea la figura de las Sociedades Forestales como agrupación de propietarios de parcelas que ceden a la Sociedad la explotación y aprovechamiento en común de los terrenos que la constituyan. La Ley también insta a las CCAA a crear un registro de empresas forestales, que se recopilará después en el Registro Nacional de Cooperativas, Empresas e Industrias Forestales.

Bosque de alcornoques aprovechados para corcho en Andalucía


Sanciones y guardería forestal
Otro de los puntos más polémicos es la modificación del artículo 58, que define las competencias de los Agentes Forestales. Tal y como está redactada la propuesta de Ley, los agentes forestales actúan con carácter auxiliar a las fuerzas y cuerpos de seguridad y se ponen a su disposición, lo cual supone una reducción importante de la autonomía de este cuerpo a la hora de investigar y sancionar delitos ambientales, no en vano es el que está liderando las protestas contra la modificación de la Ley.

En este sentido la Ley también incluye un apartado específico en el que insta a las CCAA para que tomen medidas para asegurar la legalidad de la madera y productos derivados introducidos en el mercado Español desde el extranjero, y tipifica algunas de las infracciones a este respecto.

En definitiva, que aunque hay cosas que me gustan, la propuesta nace desde el principio con algunas manchas muy claras, fundamentalmente la excepción a la prohibición del cambio de uso. Puesto que está en trámite parlamentario, es fácil que aún pueda sufrir modificaciones, y puede que reculen en algunas de las novedades más polémicas. Veremos. De momento, os dejo aquí el documento completo (con control de cambios), y vuelvo a agradecer a Aula Selvicultura por ponerlo a disposición de todos.




La ley de Zipf y los blogs: radiografía de Forestalia


Hace algo más de un año descubrí, gracias a una entrada en FuegoLab, la ley de Zipf. George Zipf fue un lingüista estadounidense que acuñó la ley que lleva su nombre y que dice, básicamente, que la frecuencia con que se utiliza una determinada palabra en un idioma es inversamente proporcional a su posición en la tabla de frecuencias. Es decir, que la palabra más frecuente se usará el doble de veces que la segunda más usada, tres veces más que la tercera, cuatro más que la cuarta, etc. Esta ley se puede escribir matemáticamente como: 


donde Pn es la frecuencia de la palabra situada en la posición n, y a es un escalar. Se ha comprobado que la ley de Zipf se cumple para numerosos fenómenos, desde los tamaños de las ciudades de un país hasta la abundancia de especies en un ecosistema. Para que se cumpla de manera estricta, a debe valer 1, aunque se ha comprobado que hay muchos casos donde aunque se da la proporcionalidad, a toma valores distintos.

Pues bien, como os decía, hace un año que FuegoLab decidió comprobar si la ley de Zipf se cumplía con las visitas a los blogs, y nos lanzaba el guante a probarlo por nosotros mismos. Una entrada reciente del mismo blog nos recordaba su propuesta, así que aunque un poco tarde, pero aquí van los resultados para Forestalia:

Como podéis ver, la ley se cumple bastante bien, aunque el valor de a es mayor de 1, lo que indica que la entrada en la posición n no se ha visto 1/n veces que la más vista, sino algo menos. Esto es algo que ya observó Javier, y que parece que pasa también en otros blogs, y se debe al efecto de las entradas menos vistas. En este caso, si sólo cogemos las entradas que han tenido al menos 100 visitas (gracias a vosotros son la gran mayoría!) obtenemos un ajuste mucho mejor (R2=0.99!!!) y una pendiente de la recta más cercana a 1, aunque todavía mayor.
Pero ¿se cumplirá la ley de Zipf con otras de las métricas del blog? Para comprobarlo, usé los datos que da blogger sobre visitas por país y por tipo de navegador.

La proporcionalidad se cumple muy muy bien, pero en cambio la pendiente es mucho mayor que 1 (más negativa, vaya). Esto quiere decir que el primer clasificado en el ranking (España en el de países, Chrome en el de navegadores) aporta mucho más del doble de visitas que el segundo clasificado (EE.UU. para países, Safari para navegadores).

En definitiva, y a la espera de que se anime más gente a probarlo con sus blogs, parece que la ley de Zipf se cumple, pero sólo con las entradas con un cierto número de visitas. En el caso de Forestalia, algunas de las entradas que escribí al principio, cuando nadie sabía que tenía blog, contribuyen a romper la pendiente de 1. En otros aspectos como el país de origen, sin embargo, la regla no se cumple tan bien, probablemente por el gran peso del primer clasificado en el ránking, aunque el hecho de que Blogger solo de datos de los 10 primeros países hace difícil sacar más conclusiones.

¿Para qué sirve esto? Pues en principio, para nada más que para que un grupo de nerds se entretenga un rato. Pero si habéis llegado hasta aquí es que tenéis también vuestro puntito freak, así que ¡no os hagáis los estirados y animaos a probarlo con los datos de vuestro blog, a ver si conseguimos sacar alguna conclusión!

Feederwatch: espiando a las aves

No hay duda de que el otoño en el nordeste americano es espectacular. Durante unas pocas semanas de octubre se pueden ver paisajes de esos que de pequeño sólo veíamos en las cajas de los puzzles: lagos salpicados de bosques multicolores, con abedules de color amarillo limón, arces de todos los tonos de naranja y rojo, hayas doradas... Sin embargo, hacia finales de otoño, ya hay más hojas en el suelo que en las ramas, y uno empieza a darse cuenta de que el invierno está al caer. Para colmo, hay que ver como los animales, uno tras otro, empiezan a marcharse hacia el sur a pasar el invierno. Incluso juraría que un día vi a un grupo de gansos que mientras se iba gritaba ¡Ahí os quedais! ¡Pringaos!

Un paisaje cualquiera de Quebec, en otoño (PN Mont-Tremblant). Foto: Nuria M. Pascual
Pero como en Asterix, no todos los animales sucumben al invierno. Unos cuantos irreductibles se quedan, y adoptan variadas estrategias para sobrevivir a un invierno que - ya os lo digo yo - es muy duro. Especies como el oso o las tortugas - sí, las tortugas - entran en hibernación y se pasan el invierno en letargo, mientras que otras, como las ardillas o numerosas aves simplemente reducen su metabolismo y pasan el invierno entre las reservas que han acumulado los meses anteriores y los pocos alimentos que puedan conseguir durante los días menos crudos de invierno. Por eso, para estos animales, un comedero lleno de semillas ricas en grasas es como maná caído del cielo.

Precisamente eso, el impacto de los comederos sobre las aves durante el invierno, es lo que estudia el proyecto Feederwatch, coordinado por el Laboratorio de Ornitología de la Universidad de Cornell, probablemente el más conocido y prestigioso del mundo. Feederwatch es un gran ejemplo de cooperación entre científicos y aficionados, aprovechando la enorme tradición de observación de aves en norteamérica. No dejéis de echar un vistazo a la web del proyecto, para mi un ejemplo de lo que debe ser una web que pretenda animar a la gente a participar. Cualquier persona puede inscribirse y aportar sus observaciones, bien sea instalando un comedero en su casa (se estima que hasta el 40% de los hogares estadounidenses lo tienen) o acudiendo a hacer observaciones a los que hay en parques públicos.

En invierno, un comedero como este, lleno de pipas de girasol, es una bendición para las aves. En la imagen, Haemorhous mexicanus, un recién llegado a la costa este

Animados a hacernos pajareros, este otoño nos hicimos con un comedero para ponerlo en la terraza. Pero nuestros primeros pinitos no fueron muy exitosos. Primero, una tormenta empapó las semillas e hizo que germinaran todas dentro del comedero. Y después, una panda de gorriones matones descubrió el comedero e hizo de él su coto privado, acabándoselo en menos de 2 días. Así que aprovechando algunos días soleados de invierno, hemos tirado de comederos ya instalados. Lógicamente, al estar en una ciudad, uno no puede esperar encontrarse grandes sorpresas, y dudo mucho que cualquier ornitólogo mínimamente aficionado pudiera hacer ningún bimbo (curioso este término, que todos los 'pajareros' utilizan pero del cual pocos conocen el origen). Pero para un novato como yo, ir a los comederos es una ocasión perfecta para ver de cerca algunos pajarillos interesantes.

Una cosa que llama la atención de los comederos son los mecanismos 'anti-ardillas'. Aunque a nosotros nos parezcan simpáticos animalitos, aquí ven a las ardillas casi como ratas con cola peluda, y se cuidan muy mucho de que no puedan acceder a los comederos. Pero si algo son las ardillas es listas y tenaces, y son capaces de superar casi cualquier obstáculo. Así que proteger los comederos implica instalar bandas resbaladizas en la base de los postes, tejadillos sobre el comedero para que no puedan llegar saltando... aun así, es raro el comedero en el que no hay un buen grupo de ardillas comiendo los restos que caen al suelo. Y es que en invierno no hay que dejar pasar ninguna posibilidad de comer un poco.
Uno de los comederos,y detalle de las ardillas rapiñando los restos

Pero volviendo a las aves, las que más frecuentan los comederos son especies que podríamos llamar 'sociables', en el sentido de que están acostumbrados a los humanos. En general son especies, no demasiado llamativas como carboneros (Poecile atricapillus) o trepadores (Sitta carolinensis). Como decía, nos son muy espectaculares, pero están tan acostumbrados a los comederos y las personas que no es raro que, con un poco de paciencia, incluso vengan a comerte de la mano. El impacto de los comederos sobre estas aves se conoce bastante bien, y es en general positivo, sobre todo en los inviernos más fríos. La tasa de supervivencia de los carboneros con acceso a un comedero es casi el doble, y además se ha observado, para esta y otras especies, que los que van al comedero pesan más de media, ponen más huevos y más grandes y hacen la puesta antes que los que no tienen esa fuente extra de alimento.

El carbonero de capucha negra, probablemente el ave más común en esta zona. Foto: Nuria M. Pascual

Un descarado trepador pechiblanco, que se permitía elegir el tipo de semilla que más le apetecía. 
Pero hay algunos otros estudios que han observado un efecto contrario. En el Reino Unido, un grupo de investigación ha visto que los carboneros europeos (del género Parus, diferente al Poecile de los americanos) que se alimentaban en comederos ponían menos huevos y tenían menos crías que sus congéneres. De momento son sólo 2 estudios frente a otros muchos que han mostrado efectos positivos, así que hay coger los resultados con cierta cautela. Además, los mecanismos que podrían provocar este efecto negativo aún no están claros. Los autores apuntan a dos posibles explicaciones. En primer lugar, podría ser que el hecho de instalar los comederos elimine una cierta selección natural, permitiendo reproducirse a individuos que antes no lo habrían hecho, por lo que bajaría la media reproductiva. También sugieren que una excesiva dependencia de las semillas - muy grasas - podría estar desequilibrando la dieta de los carboneros. Hará falta seguir investigando para saber porqué los comederos sientan tan mal a los carboneros ingleses, si es que los resultados se confirman.

El cardenal (Cardinalis cardinalis), cuyo plumaje rojo y su cresta resaltan sobre la nieve. Foto: Nuria M. Pascual
La hembra del cardenal (Cardinalis cardinalis), de plumaje menos vistoso pero igualmente bonita. 
Pero como os decía, y al margen del efecto sobre las aves, visitar los comederos de los parques permite ver algunas aves más que interesantes. Otro de los más comunes es el emblemático cardenal (Cardinalis cardinalis), cuyo plumaje rojo chillón resalta muchísimo sobre la nieve. Además, muchos de los parques de Montreal son bastante boscosos, y en los más grandes como Mont-Royal se pueden ver aves que no dependen tanto de los comederos y son más propias de ambientes nemorales, como los picapinos. Aunque uno no esperaría que estas aves se alimentaran de los comederos, la verdad es que suelen rondarlos, y alguna semilla cae de vez en cuando, si bien es cierto que no con la frecuencia de cardenales o carboneros. 

En una de nuestras visitas a Mont-Royal, por ejemplo, pudimos ver muy de cerca un impresionante pito crestado (Dryocopus pileatus), el picapinos más grande de Norteamérica, con su característica cresta roja. Esta es un ave que se alimenta sobre todo de hormigas y larvas, y pudimos verle en acción, ensañandose con la madera de un árbol muerto. Sin embargo, los más habituales son el pico pubescente (Picoides pubescens), el menor de Norteamérica, o el pico velloso (Picoides villosus), de plumaje prácticamente idéntico pero de mayor tamaño y pico más largo. 

Un pico velloso. Aunque su alimento principal son los insectos, no hace ascos a una buena semilla. Foto: Nuria M. Pascual

Pito crestado, buscando insectos bajo la corteza. Foto: Nuria M. Pascual


Nota freakie: en el parque Mont-Royal se ha popularizado tanto como lugar de observación de aves que hay hasta un poco de merchandising sobre el tema. ¡Mirad el regalito que nos cayó la última vez que fuimos! ;-)